Qué son, en qué se diferencian y por qué cada vez más rodajes necesitan demostrar que son sostenibles.
En los últimos años estamos viendo un cambio claro en el sector audiovisual. Cada vez más producciones quieren reducir su impacto ambiental y hacerlo bien de verdad, y hay algo que ya es evidente: no basta con decir que un rodaje es sostenible, hay que poder demostrarlo. Por eso han surgido estándares y certificaciones específicas para el audiovisual, que ayudan a trabajar con criterios claros y a profesionalizar la sostenibilidad en los rodajes.

En nuestro día a día como consultoras en La Tribu Verde, los estándares que más nos encontramos son Green Film, Green Production Guide (GPG) y Albert. Todas buscan lo mismo: reducir el impacto ambiental de los rodajes trabajando aspectos como la energía, el transporte, los residuos, el catering o la huella de carbono.

Green Film es el sistema con el que más trabajamos en La Tribu Verde. Nació en Italia y está ya muy implantado en Europa. Funciona con un sistema de puntos: se eligen las medidas que mejor encajan con cada rodaje y, si se alcanza un mínimo, se obtiene la certificación tras una auditoría externa. En España, la verificación la realiza Bureau Veritas, lo que le da un respaldo muy sólido. Nos gusta porque es práctico, claro y muy medible.

Green Production Guide (GPG), de origen estadounidense, es especialmente relevante si se va a trabajar con Amazon Prime Video. A diferencia de Green Film, sus medidas no son cuantificables, sino más orientativas. Funciona como una guía de trabajo imprescindible y, en este caso, la certificación se obtiene a través de EMA, que verifica el cumplimiento de los criterios.

Albert, de origen británico, es especialmente relevante si se va a trabajar con Netflix, ya que forma parte de su enfoque de sostenibilidad. Está muy centrado en la formación y concienciación de los equipos, así como en la medición y compensación de las emisiones que no se pueden evitar, y es el propio sistema Albert quien realiza la verificación.

La aparición de estos certificados no responde solo a una urgencia ambiental, que también, sino a la necesidad de profesionalizar la sostenibilidad en el audiovisual, de pasar del “lo intentamos” a trabajar con criterios claros, medibles y verificables.
